Wednesday, January 24, 2007

Los ganzos de Galileo Galilei


Recuerdo cuando leí Galileo Galilei, de Brecht. Al final de la obra, un desconocido deja unos ganzos en la casa donde Galileo vive su retiro. Galileo pide que le cocinen los hígados de los ganzos, porque siempre le ha gustado comer mucho. Los hígados de los cuatro ganzos. Ese episodio despertó en mí el deseo de tener una comida como esa alguna vez. Creo que no sólo era la idea de la cantidad de comida, sino su impredictibilidad. Una comida a media tarde, por necesidad y también por placer. Galileo está trabajando y alguien pasa y le deja los ganzos. Ese es el momento para comer, cualquier momento, como si no se tuviera esa oportunidad otra vez. No sabe si mañana podrá comer de nuevo.


Así visualizo la receta:

2 libras de hígado de ganzo
1 cebolla
1 diente de ajo
2 cucharadas de aceite
1 taza de puré de tomate
1 taza de vino blanco seco

No quiero hacer hígado a la italiana, por eso el hígado se debe picar en pedazos grandes. La cebolla cortada pequeña también, no a la juliana. Sofreír la cebolla primero, después añadir el ajo. Luego el hígado, sofreírlo un poco. Añadir la salsa de tomate y el vino blanco, que no debe ser de un sabor muy fuerte. La idea de tomate en esta receta me resulta extraña, pero puede contrarrestar un poco lo fuerte del hígado. Comer sólo con un poco de arroz o un poco de pan. Nada más, lo que importa aquí es el hígado, grandes cantidades de él, y comerlo fuera de horario, como si fuera una merienda a media tarde.

2 comments:

Anonymous said...

Spor Z, Eso es grave.

Charo said...

¡jajajaja! yo iba a decir lo mismo, pero de otra forma.... ¡no sabía de qué animal se trataba! Aunque, cubano al fin, es un "pequeño mal" endémico y hasta tierno.

Por cierto, te he descubierto hoy y me gusta mucho lo que escribes y cómo lo haces...

Saludos desde España